El piano seguía sonando, al igual que sus tacones contra el suelo.Pum, pum, pum... ya no sabía si era el suelo o su corazón. Quizá todo formando una perfecta melodía.
Con los ojos aún cerrados pasó sus manos por su cuello, lentamente.
Giro tras giro, las notas del piano iban cayendo e iban siendo aplastadas por sus pies.
Do, Re, Mi, Fa, Sol.
¡Vamos! -Le dijo.- Mis ojos tienen hambre de ti.
Entonces los abrió.
-Siempre pensé que yo tenía algo que tu necesitabas. Pero me equivoqué. -se dijo a si misma, ya que, de nuevo, se había quedado sola, en la pista de baile, con una melodía vacía y un corazón roto.
Pobre princesita.

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